
Estoy cansada de ser cobarde, de tener miedo, de no cambiar las cosas. Tengo la sensación de que mi vida está en pause aunque el mundo siga girando, me he dado cuenta de que con miedo no se vive, pero tampoco soy capaz de abandonarlo todo. Si me pasará algo hoy, ¿me echarías de menos mañana? Que sí, que a veces te mataría a mordiscos, pero siempre te daría mil abrazos, y eso que aún no he conseguido robártelos. Sigo creyendo en esa fuerza extraña que te rodea, aunque tú tal vez no lo creas o no lo veas, o vete tú a saber, y sí, que dos semanas no son mucho tiempo y puede que necesitará tu balón de oxígeno, pero que también te eche de menos y si no mira un poco por aquí. Siempre dices que al discutir somos más auténticos y yo te digo que al morirnos de celos también, pero no quiero siempre eso, no quiero ceder en todo para que tú siempre ganes, que los empates no están nada mal si lo piensas bien y no siempre vas a poder comprar al árbitro… No puedo decir que es lo que pasa, porque yo tampoco lo entiendo y no hay nadie que conteste a todas mis preguntas y como dice una bonita frase, cuando sabía todas las respuestas, cambiaron todas las preguntas… Y yo no soy amante de los cambios, porque para mí cambio es sinónimo de echar de menos y tengo que aprender muchas cosas, sí, lo sé, como que echarte de menos no es malo, ni echar de menos a nadie, porque aunque no estés ahora algún día estuviste y puede que algún día vuelvas a estar y eso es lo bonito, que mucha gente estuvo aunque ahora no este, que hubo miradas y sonrisas y risas, aunque no recuerdo jamás una como la que tú dices que escuchas y sigo sin saber de qué sustancia tóxica estás hecho, pero no te voy a preguntar, prefiero aprenderlo con tiempo.